lunes, 8 de febrero de 2016

miércoles, 3 de febrero de 2016

Fragmento: "Zayda. Una princesa ejemplar". En "Una mujer, una historia", Ediciones Alfar. Entregada a Alfonso VI de Castilla para cerrar un pacto. El rey se enamoró locamente de ella.
-¿Por qué lloras, amada mía?
-Tu ejército llegó tarde. Se rindió Sevilla. Ya mis padres han partido para el exilio –respondió Zayda a su esposo con la voz sobrecogida por el sufrimiento.
-Lo sé, han regresado mis emisarios. Mas tú no debes estar tan triste. Tus padres son fuertes, mantendrán su dignidad hasta el final de sus días –contestó Alfonso con dulzura tratando de infundirle ánimo con sus palabras.
-Presiento que entre los lejanos picos del Atlas, mis padres morirán de tristeza, pero también sé que la poesía será un bálsamo refrescante para el cansancio de sus almas doloridas. ¿Sabes? Mis hermanos siguen luchando por otras tierras y mi hermana Butayna, poeta como ellos, ha sido vendida a un rico comerciante de Sevilla, quien sin duda la casará con alguno de sus hijos. Las más pequeñas también han partido para el exilio. Ellas serán su consuelo.
-Ven, esposa mía, el día está espléndido y el sol luce como nunca. Daremos un paseo por el jardín. Florecen los azahares en los naranjos y limoneros que he mandado plantar para ti, como en Sevilla.
Alfonso rodeó amorosamente la delicada cintura de Zayda, la atrajo hacia sí con fuerza y besó sus cálidos labios con la pasión de un esposo enamorado. Luego apretó su mano cariñosamente y abandonaron la estancia, vamos, el paseo te sentará bien, mi regina divina, amantísima y dilectísima esposa. El pequeño Sancho, entre alocadas correrías y travesuras, les salió al encuentro.

Ana Herrera

FELIZ LECTURA
La nueva revista Letras de Parnaso. Compendio de la "Consolatio a Helvia" por Ana Herrera,pág. 54.
Letras de Parnaso."Una tarde en ninguna parte" de Najib Bendaoud. Pág. 69. Traducción de Ana Herrera. 
Letras de Parnaso. "Escena de amor" en prosa poética por Ana Herrera. Pág. 81. 


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lunes, 1 de febrero de 2016

UN OLVIDO ULTRAJADO
! Cielo, tus ojos de almendra !
Están ausentes terriblemente
En el delirio de mis palabras huérfanas 
Tu silencio helado turba la quietud
De mi alma abatida
Tu ausencia callada corroe horriblemente
Mis venas aturdidas
Mi día desaparece en el fondo
De tu noche alegre
Mis pájaros tristes
Me susurran su decadencia
Todo el blanco de mi inocencia dormida
Se transforma en colores opacos
Todo el grito de mi amanecer
De golpe se vuelve amargo
Mis dedos sucumben en el fondo
De un clavero melancólico
Mi música taciturna muere
En mi habitación oscura
Mis labios melancólicos se callan
Un frío amargo los encarcela
Un aire abrumador los aterroriza
Mis lugares tristes se profanan
En el olvido hambriento
De tu olvido ultrajado
¿Cielo ?
Ábreme las puertas de tu paraíso
Yo quiero albelgarme eternamente en él
¿Cielo ?
Muéstrame el camino de tus puertas
Yo lo recorreré día y noche
Durante todos los instantes de mi vida
¡Cielo, devuélveme nuestro sueño!
Apacigua mi pasión de amar
Cultiva en mí tu fe
Déjame adivinar el vuelo
De tu cuerpo invisible
Déjame imaginar la flor
De tu flor!

Os pondré varios fragmentos claves en días sucesivos, de este largo relato donde se entrecruzan varias historias.
"Zayda. Una princesa ejemplar". En "Una mujer, una historia", Ediciones Alfar.
El sol asomaba su cara encarnada por el horizonte. En el aire fresco de la mañana se respiraba la fragancia a azahar recién nacida de la primavera. Cuando se abrió la cancela de palacio, la gente suspirando inclinó sus cabezas ante sus reyes. Llovían los ramos de flores a su paso y volaban pañuelos blancos por el aire, como bandadas de gaviotas curiosas, en señal de despedida. Mutamid severo subió a la barca, seguido de Itimad, preocupada, y ambos se miraron con los rostros transidos por la tristeza. Rompieron a llorar con toda su alma, y en un cariñoso gesto, Guadalquivir adentro, dieron su último adiós a las calles de Sevilla.
Zayda entornó los ojos y calló, al tiempo que hizo un gesto al mensajero para que abandonara la estancia. A partir de ese día, afrontaría sola su destino. Su esposo y su hijo eran su única y verdadera esperanza. Las tropas de Álvar Fáñez, lugarteniente del Cid, llegaron demasiado tarde, le había contado entre suspiros de tristeza el leal mensajero. Sevilla entera alzó sus armas contra el invasor y Sevilla entera se rindió ante el enemigo. No fue así la primera vez que un soldado fuerte y joven, llamado Rodrigo Díaz de Vivar, llegó a la notable ciudad a cobrar las parias impuestas por Alfonso y la defendió de un ataque de los berberiscos granadinos. El pueblo sevillano agradecido estalló en vítores hacia el valiente caballero, Siddi, Siddi, Siddi, eran los gritos que se escuchaban a lo lejos. Ahora todo se había vuelto en su contra. ¡Las fatalidades de la vida!, pensaba Zayda. Su propio padre pidió ayuda a Yusuf ibn Tashufin para combatir a los cristianos y, en un premeditado engaño, el falso jefe almorávide se volvió contra él arrebatándole su trono. ¡Qué tendría aquella bendita tierra de al-Andalus que todos querían quedarse en ella! Zayda lo sabía muy bien, en aquellas benditas tierras había transcurrido toda su vida, rodeada del olor a azahar en las transparentes mañanas de primavera, paseando por las plazas sevillanas en las cálidas tardes del verano, acariciando las orillas del Guadalquivir en los frescos días otoñales, correteando por el laberinto de palacio en los más fríos meses del invierno… Todos para ella eran hermosos recuerdos de los que no se quería desprender y que hicieron rodar por sus mejillas dos gruesas lágrimas.
Ana Herrera
Feliz lectura, queridas amigas y amigos. ¡Cómo aprendo con mi hija!
Ayer, hablábamos del libro "Paisajes Visuales", en el que he tenido la gran oportunidad de participar con el capítulo "La poética de los paisajes parisinos transitados por un globo rojo y un niño". Pues bien, aquí os dejo el enlace directo a la publicación. Espero que disfrutéis de su lectura. ¡Y feliz noche!
Edición: Sociedad Latina de Comunicación Social.
Coordinación: Agustín Gómez y Ana Melendo.
Paisajes visuales. Agustín Gómez, Ana Melendo (Edits.)
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